
Las cremas hidratantes son productos comerciales que se aplican sobre la piel, con el fin de combatir la resequedad, mantener la hidratación constante y retrasar los signos del envejecimiento; su efecto puede ser de tres tipos: humectante, compuestas a partir de glicerina e indicadas especialmente para pieles grasas, oclusivo, con la finalidad de retardar la pérdida de la humedad, o activo, estas últimas capaces de nutrir la piel para que las moléculas grasas mismas sean las que retarden la pérdida de humedad.
El momento más oportuno para aplicar una crema hidratante, es después del baño, con la piel ligeramente húmeda; es recomendable utilizar un producto que incluya también filtro solar, para proteger la piel de los efectos nocivos del sol. En el mercado existen distintas fórmulas de crema hidratante, de acuerdo a la forma en que actúan.
Algunas, enriquecidas con ácido hialurónico, captan humedad del medio externo trayéndola hacia la epidermis; muchas cuentan además con aceites, ceramidas, vitaminas y minerales. Otras cremas modulas la acción de las moléculas grasas de la piel, para que sea capaz de retener la humedad por más tiempo, contra la acción de los factores ambientales externos.
La piel del rostro es la más expuesta a las agresiones del medio, pero toda la piel necesita hidratación por estar expuesta también a jabones, lociones y otros compuestos químicos, lo cual se muestra con la pérdida del tono muscular, la apariencia envejecida y la formación de surcos. En caso de resequedad intensa, es aconsejable recurrir a tratamientos intensivos con aceites, parafina o glicerina, además de procurar llevar una alimentación balanceada y beber abundante agua.
