| EDITORIAL
Consumismo, la enfermedad de la abundancia
Recientemente mi querido hermano Lolo me ha gratificado con un mensaje esperanzador, donde la reflexión es obligada. El mensaje, descendido en mi programa de correo electrónico, se titulaba "La Tierra en miniatura" y daba una serie de datos interesantes, donde te das cuenta que perteneces a un reducido grupo de afortunados, que dispone de las más elementales necesidades cubiertas. De los datos ofrecidos, se deduce que sólo el 6% de las personas que habitan nuestro planeta representan el 59% de la riqueza que existe en la Tierra. Sólo el 1% disponemos de ordenador, sin embargo el 50% sufre malnutrición y el 70% no sabe leer. En definitiva, cualquiera de nosotros pertenece a un reducido grupo privilegiado representado por un 8% de la población. Existen 3000 millones que carecen de, lo que para nosotros son, necesidades básicas.
Mientras la mitad de la humanidad se muere por falta de alimentos, la otra mitad nos atiborramos de ellos, pertenecemos al privilegiado mundo occidental que, aunque de vez en cuando se tambalee por los desequilibrados intereses religiosos, culturales, económicos y políticos, disfruta de la abundancia y se enorgullece de un consumismo desmesurado e irracionalizado.
Sólo tenemos que contemplar en estas fechas navideñas, la mesa de cualquier comedor, repleta de suculentas comidas, testigo de momentos felices, tristes, esperanzadores y sobre todo, mesas testigo de indigestiones y desmesurados atracones sin sentido. Las salas de urgencia de los hospitales se llenan de enfermos cardiacos, con elevadísimos niveles de colesterol y toda una familia alrededor sufriendo las consecuencias del exceso. El consumismo es la enfermedad de la abundancia, es la enfermedad que destruye nuestro interior, nuestra capacidad de dar y de recibir en su justa medida.
Con este nuevo número de CUIDATE, donde podrás observar un cambio de imagen, queremos proponernos cambiar también en nuestro interior, huir de la presión social de la Navidad y adentrarnos en su espiritualidad, dar prioridad al amor, la fraternidad y valorar por encima de lo demás los buenos momentos en familia, dialogar y desear la paz en el más amplio y a la vez reducido sentido de la palabra, hacer un homenaje a todos aquellos que no forman parte del 8% de la humanidad, es decir a la gran mayoría, que carecen de alimentos, están en guerra, viven en la calle o mueren de frío en heladas estaciones de metro, mientras nosotros tenemos la enorme fortuna de estar donde estamos. Hagamos el firme compromiso de evitar los excesos, no sólo por respeto a las carencias de la mayoría, sino para que podamos pensar con lucidez, reflexionar con racionalidad y aunar energías que contribuyan a que cada vez seamos más los que tengamos la suerte de decidir comer menos y la libertad de decir no a la abundancia.
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